Alta sensibilidad y ciclo menstrual: comprender cuerpo y emociones
Elisenda Bolívar Comentarios 0 comentarios
Alta sensibilidad y ciclo menstrual: comprender cuerpo y emociones
Elisenda Bolívar
Como ginecóloga especialista en reproducción y asesora en alta sensibilidad, observo cada día cómo el cuerpo y las emociones se entrelazan. Muchas mujeres perciben cambios a lo largo del ciclo menstrual y esto, en ocasiones, es más acusado en las personas altamente sensibles.
Hoy quiero proponerte un artículo dándole valor a lo que los últimos estudios científicos nos demuestran: que las hormonas no solo regulan el propio ciclo menstrual, sino que también influyen en cómo nos sentimos y reaccionamos. Comprender esta conexión mente-cuerpo puede ayudarnos a vivir el ciclo con más calma, autoconocimiento y menos juicio.
¿Qué ocurre en el cuerpo durante el ciclo menstrual?
Hay estudios que evidencian pequeños cambios corporales según la fase del ciclo en la que nos encontremos, como por ejemplo variaciones en la frecuencia cardíaca o en la percepción del dolor. Además, la investigación en este campo confirma que las fluctuaciones hormonales a lo largo del ciclo menstrual modulan la actividad de neurotransmisores como la serotonina, la dopamina y el GABA, influyendo en los circuitos cerebrales relacionados con la regulación emocional, la motivación y el bienestar. Por eso, cuando estas hormonas suben o bajan, puede cambiar también cómo sentimos, pensamos o reaccionamos.
El ciclo menstrual consta, de manera simplificada, de dos fases: la primera o fase folicular (los primeros días tras la regla), en la que los estrógenos aumentan, sintiendo más energía y claridad mental; y la segunda fase o fase lútea (tras la ovulación), en la que la progesterona pasa a ser la hormona dominante. En esta última fase es frecuente sentir mayor cansancio, sensibilidad emocional o necesidad de descanso.
Fase lútea: una etapa de mayor sensibilidad
Muchas mujeres, antes de la regla, se sienten más irritables, tristes o cansadas. Una revisión de 2025 (Mazza & Marano) propone un modelo en el que las fluctuaciones hormonales, junto a factores estresantes y un sistema nervioso más reactivo —como el de las mujeres altamente sensibles— pueden aumentar la respuesta emocional del cerebro. Esto quiere decir que podemos sentir más sobrecarga emocional o física en esta etapa.
Un metaanálisis con más de 50 000 mujeres (Reilly et al., 2024) mostró que hasta el 70 % de las mujeres con trastornos del estado de ánimo refieren un empeoramiento de los síntomas en la fase premenstrual. A menor escala, muchas mujeres sin diagnóstico clínico también notan en esos días mayor vulnerabilidad emocional o necesidad de aislamiento.
Sensibilidad corporal y dolor menstrual
En mujeres con mayor sensibilidad sensorial, estudios como los de Schrepf et al. (2022) y Önal et al. (2025) han observado que hay más probabilidad de sentir dolor menstrual intenso u otras molestias físicas.
Esto no significa ser más débil, sino que el sistema nervioso responde con mayor intensidad a los cambios hormonales y físicos del ciclo. Desde la mirada PAS, esto puede traducirse en:
- Mayor molestia ante pequeños cambios (hinchazón, tensión mamaria, dolor de cabeza).
- Más necesidad de calma, silencio o espacios tranquilos.
- Sensación de que “todo pesa más” en determinados momentos del mes.
Cuando aprendemos a escuchar estas señales, el cuerpo deja de ser un obstáculo para convertirse en una fuente de información sobre nuestro estado interno.
Estrés, mente y ciclo menstrual
No solo las hormonas influyen en el estado de ánimo; también ocurre lo contrario: nuestro estado emocional puede influir en el ciclo. Un estudio con más de 3 000 mujeres (Nillni et al., 2018) encontró que la depresión y el estrés sostenido se asocian con una mayor probabilidad de tener ciclos irregulares.
Esto refuerza la idea de que cuidar la salud mental es también cuidar la salud hormonal y reproductiva. Para una PAS, que puede vivir el estrés de forma más intensa, es especialmente importante crear espacios de regulación: descanso, relaciones seguras, tiempo a solas, contacto con la naturaleza o movimiento suave.
Cuidar la sensibilidad según el ciclo
El primer paso es conocerte. Puedes llevar un pequeño registro durante dos o tres meses para observar cómo cambian:
- Tus emociones (tristeza, irritabilidad, alegría, calma).
- Tu energía (motivación, cansancio, necesidad de soledad).
- Tus sensaciones corporales (dolor, tensión, apetito, sueño).
Con esa información podrás identificar si eres más cíclica de lo que pensabas y qué fases te piden acción y cuáles te piden descanso.
Algunas ideas de autocuidado:
- Aprovecha las fases con más energía (los días posteriores a la regla y alrededor de la ovulación) para crear, socializar o planificar.
- Durante la fase premenstrual y menstrual, permite el descanso sin culpa, reduce compromisos sociales y baja el volumen de estímulos.
- Si notas mucha sobreestimulación (ruido, luz, pantallas), date permiso para parar y buscar entornos más tranquilos.
- Recuerda que no todas las mujeres —ni siquiera todas las PAS— viven el ciclo de la misma manera: el objetivo no es encajar en un patrón, sino escuchar el tuyo propio.
Lo que sabemos y lo que aún estamos descubriendo
La mayoría de los estudios sobre ciclo menstrual, emociones y sensibilidad tienen limitaciones: a menudo trabajan con muestras pequeñas, poblaciones específicas o revisiones descriptivas. Por tanto, no podemos convertir estos resultados en normas aplicables a todas las mujeres.
Aun así, en su conjunto ofrecen un marco sólido para afirmar que:
- Los cambios hormonales influyen en el sistema nervioso y la regulación emocional.
- Algunas personas, especialmente las de mayor sensibilidad sensorial o emocional, pueden notar estos cambios con más intensidad.
- La salud mental y la salud menstrual están profundamente conectadas.
Reconocerlo no significa reducirlo todo a las hormonas, sino validar con lenguaje científico experiencias que muchas mujeres han vivido en silencio durante años.
Conclusión: ciencia, sensibilidad y autocuidado
Nuestro cuerpo cambia, y nuestras emociones también. La investigación actual confirma que hormonas, cerebro y sensibilidad están profundamente conectados.
Entender esta relación nos permite dejar de luchar contra el ciclo y empezar a vivirlo como un mapa interno de cuidado. Las mujeres altamente sensibles no son más frágiles; simplemente perciben más. Y esa capacidad de sentir puede convertirse en una aliada si la respetamos y la acompañamos.
Conocer tu cuerpo, respetar tus tiempos y aceptar tus ritmos no es solo autocuidado: es también una forma de salud emocional y biológica.